Bienvenidos a Poetas al desnudo

Los invitamos a expresarse de la mano de los poetas contemporáneos más destacados de Latinoamérica, a identificarse con ellos y con nosotros. Sólo deben contarnos qué piensan acerca de las poesías que publicaremos, qué les producen a ustedes. También serán bien recibidas futuras propuestas acerca de posibles obras a analizar.
¡Que lo disfruten!

lunes, 25 de abril de 2011

Para Mañana, Ana María Ponce

Mañana
cuando no estemos,
cuando todo se haya vuelto oscuro,
cuando no nos quede
tiempo para derrochar
ni sueño que desgajar entre besos,
cuando mis manos se separen de las tuyas,
y tengamos que apretar
los puños con resignación,
cuando la boca no tenga más palabras
y las palabras desaparezcan
en un aturdido remolino,
cuando el cuerpo deje de sentir
la permanente compañía del miedo,
cuando los oídos se acostumbren para siempre
al silencio,
cuando definitivamente no estemos,
mañana,
nosotros los que fuimos
vivos,
los que reímos y lloramos,
y nos alimentamos amando,
queriendo la vida,
nosotros estaremos regresando;
y la piel será una oscura mezcla
de tierra y piedras
y los ojos serán
un inmenso cielo,
y los brazos y los cuerpos
se juntarán sin saberlo
y este niño que quisimos
estará allí
amándonos desde lejos,
sosteniendo nuestro grito eterno
abriendo nuestro  vientre cálido
haciendo interminables y multiplicados
los puños cerrados con dolor.


Ana María Ponce. Gentileza de Google


Podrá no ser una de las grandes poetas latinoamericanas. Tal vez porque se lo negaron los entonces "dueños de la vida y de la muerte". Ana María Ponce fue una de los 30 mil desaparecidos durante la última dictadura militar, pero antes, y después, fue poeta aunque haya tenido que quemar su obra entera por el miedo. Los únicos versos que quedaron fueron los que escribió mientras estuvo secuestrada en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), que astutamente puso en manos de su compañera de cautiverio Graciela Daleo, y que 27 años después finalmente fueron publicados en un volumen. Entre ellos se encuentra Para mañana.

          La poesía fue su forma de resistir, de soportar. Un arma que usaba a escondidas, mientras la obligaban a trabajar en la imprenta del centro clandestino donde pasó sus últimos meses de vida. Ana María, o Loli, como la llamaban desde que se unió a la organización Montoneros, era consciente de lo que la esperaba: su marido, Godoberto Luis Fernández había sido secuestrado por el Ejército en enero del ´77 y jamás lo volvió a ver.

          A pesar del dolor y el sufrimiento, en sus poesías se nota el orgullo de padecer y morir por lo que creía justo para todos. Pero lo más llamativo es un recurrente dejo de esperanza, de ansias de libertad, quizás encarnada en la figura de su hijo, Luis Andrés, que cumplía dos años el día en que Ana María fue secuestrada.

          “Y este niño que quisimos estará allí amándonos desde lejos (…) haciendo interminables y multiplicados los puños cerrados con dolor”. El miedo y el silencio abundan en los primeros párrafos, pero luego se percibe una ilusión, un optimismo puesto en el futuro. Ella, que presiente el final, que al parecer se entrega a la muerte como destino irremediable, lucha más que nunca desde el encierro: pide que no se olvide. Sabe que mañana no estará, pero en su poesía se hace inmortal. Regresará en los miles que estarán por ella, luchando por la Verdad, la Justicia y la Memoria. Como escribió el poeta Juan Gelman, “la poesía la hizo más libre que sus asesinos”. 

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